Educación, Música

La educación musical hoy en día

La manera en la que la música es enseñada y estudiada en nuestros días resulta muy problemática. ¿Qué es lo que estamos enseñando y estudiando? ¿Es música o es otra cosa?

Lamentablemente, la respuesta en la mayoría de los casos es: “otra cosa”, a la que podemos llamarle “habilidad técnica”. Tristemente, el sistema educativo actual produce una gran cantidad de “expertos musicales” y pocos “músicos”.

Las escuelas están llenas de estudiantes que saben mucho y que pasan muchas horas todos los días estudiando, pero que no tienen desarrolladas habilidades fundamentales de la música como son: cantar una melodía, aplaudir un ritmo, escuchar lo que tocan, escuchar a los músicos que los rodean cuando tocan y, lo peor de todo, disfrutar la música de la que son -o deberían de ser- parte.

A pesar de que la mayoría de estudiantes (por muy jóvenes que sean) se encuentran sobre pasados de información, quieren más. Necesitan recetas y explicaciones; quieren saber qué tocar, cómo tocarlo y por qué deberían de tocar de una u otra manera determinada.

Albert Einstein una vez dijo: “Detrás de cualquier experiencia experimentada hay algo que nuestras mentes no pueden retener, cuya belleza y magnificencia nos alcanza de manera indirecta”. Para mi, la música es una de esas cosas que nos llegan de manera indirecta, como el amor y muchas otras cosas maravillosas de la vida que son, en el fondo, una especie de “mini Big Bang”, un punto de partida que hasta ahora nadie ha podido explicar.

La manera en la que aprendemos a hablar nuestra lengua materna me parece un ejemplo perfecto de esta idea. Cuando estamos aprendiendo a hablar no necesitamos explicaciones teóricas, no necesitamos aprender sobre la sintaxis o sobre la gramática, todas estas cosas llegan después (si es que llegan) y de manera indirecta. Por otra parte, si un adulto aprende a hablar una lengua extranjera en una escuela, ni toda la educación lingüística del universo lo proveerán de la fluidez que puede tener alguien que aprendió a hablar esa lengua en un entorno cotidiano en el que le es necesario imitar a los demás para lograr un cierto grado fluido de comunicación. Esa “imitación” de la que hablo tiene que ver con lo que escuchamos y considero que juega un papel muy importante en la educación musical.

Algunos grandes maestros del arte creen que lo que le da belleza y trascendencia a un acto artístico es el hecho de que el artista “no ejecute” el acto, que no piense en él. Para esta visión, el artista y el acto son una misma cosa. Aunque esta afirmación puede ser bastante discutible dependiendo del concepto que cada uno tenga sobre los términos “belleza” y “trascendencia”, para mi, esta fusión a la que se refieren es lo que lleva a que cualquier actividad pueda ser un “arte” y es lo que hace la diferencia entre “arte” y “disciplina”.

Ahora podemos preguntarnos: ¿qué es disciplina?

La palabra “disciplina” tiene dos usos distintos: cualquier actividad requiere de trabajo, esfuerzo, tiempo, paciencia, organización, rutina, etc. O sea, requiere de una gran cantidad de disciplina.

El otro uso de la palabra disciplina es el que se refiere a una actividad determinada, o sea, la música en este caso podría pensarse como una disciplina artística.

La diferencia entre el arte y la disciplina radica entonces en la manera en la que se practica, o sea, en el proceso y no en el resultado. Y es aquí en donde la mayoría de sistemas educativos están demostrando su más grande falencia: la de enfocarse en los resultados en lugar de escuchar y observar los procesos.

En este punto me gustaría hablar sobre la tecnología y las exigencias que, según mi punto de vista, estamos poniéndoles a nuestros alumnos con el pretexto de que “tienen todo a su alcance”.

Es sabido que hace 400 años, cuando las grabaciones no existían, los compositores viajaban a otras ciudades para poder escuchar música de otros compositores, después, volvían a su casa y anotaban lo que habían escuchado. Uno piensa eso y se sorprende de esa gran habilidad que tenían de retener una obra entera y escribirla… muchos años han pasado y ahora los estudiantes de música tienen acceso a música que fue escrita y tocada a lo largo de varios siglos, sin tener que viajar a ningún lado y, claro está, tienen que aprender a tocar en unos cuantos años toda esa música que se desarrolló a lo largo de varios siglos de evolución humana y musical.

Pero bueno… existe el internet… entonces, como la tecnología ayuda en esa tarea titánica de conocer música de todas las épocas y todos los lugares del mundo, los alumnos no tienen pretexto… tienen que hacer lo que tienen que hacer, y en 10 años (o menos), tienen que aprender teoría y práctica de entre 100 y 500 años de evolución musical de la humanidad… y la que se sigue agregando hoy en día.

Entonces, la situación es perfectamente entendible… aprender en 10 años lo que evolucionó en más de 100 requiere de una síntesis casi mágica en la que los alumnos tienen que poner su atención en toda la información y dejar un poco de lado el tiempo necesario (distinto en cada uno) para entender realmente eso que están aprendiendo. Es muy común escuchar que los músicos dicen que empezaron a aprender música después de terminar la escuela. También es muy común escuchar que digan que estudian porque es necesario para ellos tener un papel que compruebe lo que estudiaron… pero ¿estudiaron lo que dice ese papel que estudiaron?

Es justamente esta necesidad la que creo que nos llevó a enseñar de la manera en la que se enseña hoy en día.

Aprendemos a hablar y a leer un lenguaje sin entender ni escuchar lo que estamos diciendo. Aprendemos a pronunciar la fonética musical pero no a comunicar lo que queremos decir realmente.

Y ni hablar de saber lo que estamos haciendo con nosotros mismos mientras tocamos, lograr reproducir el sonido se vuelve el fin y la comunicación queda relegada a un segundo plano… la comunicación con los demás, con la música y con nosotros mismos.

Muchas veces, esa falta de comunicación con nosotros mismos deriva en algún tipo de enfermedad, trastorno o lesión.

Después, si a la gente le gusta lo que escucha, somos premiados y motivados a seguir por ese camino hasta que empezamos a sentir que eso es lo que está bien.

-Felipe Bojórquez

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