Anatomía

La anatomía y la fisiología ¿qué son y para qué sirven?

Para la mayoría de las personas, hablar de anatomía y fisiología suele ser un poco intimidante. El interior del cuerpo, la “naturaleza científica” de ambos temas, el misterio de las estructuras involucradas y la infinita lista de nombres complejos hacen de estas dos ciencias algo aparentemente aburrido y difícil de estudiar. Sin embargo, su estudio puede ser algo muy divertido e interesante una vez que entendemos de dónde viene esa terminología que parece tan compleja.

La palabra “anatomía” viene del griego “anatémnien”, compuesto de “aná”, hacia arriba y “témnien”, cortar o separar. O sea que, el significado textual de la palabra es “cortar o separar hacia arriba”. En contraste, la “fisiología” (que tiene su origen en el griego también) se origina de las palabras “phisio”, naturaleza y “logía”, estudio o tratado. O sea que, su significado textual es “el estudio o tratado sobre la naturaleza”.

La anatomía es entonces, la ciencia que se desarrolló mediante el método de nombrar las distintas partes y estructuras del cuerpo después de haberlas separado cortándolas; y la fisiología es la ciencia que se dedica a estudiar cómo funcionan dichas partes.

Ambas disciplinas están encargadas de estudiar el funcionamiento del organismo entero: sistema musculo-esquelético, nervioso, sistemas cardíaco y vascular, digestivo, reproductivo, etc.

Un tema de particular interés en el estudio de los músculos y el movimiento es la anatomía funcional, es decir, ver al cuerpo desde el punto de vista de cómo funcionamos. Este tipo de anatomía es muy útil si estamos intentando entender -de una manera práctica- por qué estamos diseñados como estamos diseñados, y es muy útil para todos aquellos que practicamos alguna actividad en la que involucramos a nuestro cuerpo en movimiento, o sea, casi cualquier actividad de la vida cotidiana.

A cerca de la terminología:

Cuando empezamos a estudiar las distintas partes del cuerpo (huesos, músculos, articulaciones, ligamentos, etc), la terminología suele parecernos algo complicada: “articulación atlanto-occipital”, “músculo esternocleidomastoideo”, etc. La anatomía como la conocemos ahora está basada en los idiomas griego y latín; así que cuando nos enteramos de que palabras como “cráneo” o “acetábulo” significan “casco” y “pequeño recipiente”, dichos términos dejan de parecer tan complejos y empezamos a entender algo más sobre nuestro funcionamiento. La mayoría de las estructuras anatómicas fueron llamadas como algo a lo que se parecían, hay incluso una estructura que se llama “os innominatum”, que significa “sin nombre” y fue nombrada así porque no se parecía a nada que hubieran visto antes. No hay terminología misteriosa que se necesite conocer para estudiar nuestro cuerpo, los términos anatómicos son simples descripciones escritas en otro idioma.

Después, muchos nombres de músculos y articulaciones son largos debido a que identifican los lugares que conectan. Por ejemplo, “articulación atlanto-occipital” se refiere a la articulación formada entre el atlas y el occipucio. En muchos casos, si sabes cuáles son los puntos que conectan los músculos, sabes el nombre del músculo también.

En la práctica cotidiana como profesor y alumno de Técnica Alexander y de música, he podido observar que la mayoría de los dolores y lesiones que tenemos, tienen su raíz en la gran falta de conocimiento que tenemos todos a cerca del funcionamiento de nuestro organismo.

La falta de observación de nosotros mismos sumada al diseño (hecho la mayor parte del tiempo sin tomar en cuenta la salud humana) de las herramientas que nos rodean (sillas, computadoras, mesas, celulares, tablets, instrumentos musicales, ropa, etc.) nos ha llevado a lastimarnos y a fragmentarnos imaginariamente en varias partes separadas, el ejemplo más obvio es la separación que hacemos entre la mente y el cuerpo.

Mi finalidad con estos escritos es la de compartir un poco de información sobre lo que voy encontrando en el camino de la investigación que tengo conmigo mismo y con mis alumnos.

Invito a mis lectores a acompañar dicha información con una práctica de alguna actividad como yoga, danza, Técnica Alexander, Técnica Feldenkrais, chi-kung, tai-chi, correr, nadar, caminar o cualquier actividad que les permita investigar y explorar la información desde el movimiento. La información sola difícilmente va a lograr algún cambio. Después de todo, los mapas nunca son el territorio que representan.

-Felipe Bojórquez

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