Técnica Alexander

La unidad psicofísica

Los principios de la Técnica Alexander:

4. La unidad psicofísica

Uno de los más grandes clichés de nuestra época es la idea del “ser humano indivisible”, su cuerpo, mente y espíritu están entretejidos inseparablemente. Cada vez existen menos esas dicotomías de cuerpo y mente, razón y emoción, de objetividad y subjetividad que alguna vez modelaron las teorías y prácticas de la vida occidental. Hoy vemos las cosas de forma distinta; Descartes está desfasado, Lao Tse se puso de moda. El ser humano no es sólo dentro de sí mismo, sino que es también uno con el universo, de ahí que la mayoría de la gente incorpore el pensamiento holístico en su vida cotidiana.

“Una visión del mundo de la que meramente se habla, es decir, una idea que es conocida más que vivida y activa, es lo que caracteriza nuestras condiciones contemporáneas”i. Wilhelm Furtwängler escribió estas palabras en 1924 pero hoy parecen más presentes que nunca. Los fantasmas de Descartes todavía están muy presentes. Las viejas dicotomías permanecen; todo lo que hicimos fue subvertir juicios morales subyacentes. Solía ser “mente buena, cuerpo malo” y hoy decimos “cuerpo bueno, mente mala”. Sentir bien, pensar mal: el libre albedrío (la autoexpresión, espontaneidad, individualidad) buena, la autoridad (jerarquía, disciplina, control) mala; drogas “legales” (alcohol, tabaco, medicinas, etc.) bueno, drogas “ilegales” (marihuana, cocaína, heroína, etc) malo.

Admiramos el cuerpo de un atleta y la mente de un intelectual o un científico. Sintomático de esta dicotomía es que vemos las funciones corporales como separadas del comportamiento del propietario del cuerpo. Decimos cosas como: “tengo los hombros tensos”, “tengo la espalda chueca”; y no: “estoy tensionando mis hombros” o “uso mal mi espalda”. También vemos las funciones mentales separadas del comportamiento del propietario, debido a esto podemos admirar gente por su trabajo más allá de que estemos de acuerdo o no con cómo se comportan en su vida personal. También creo que se debe a esto que mucha gente que está en desacuerdo con los principios que proponen algunos tipos de música de nuestra época, igual la acepta cuando se trata de usarla para divertirse.

Para casi cualquier actividad de la vida vemos las cosas separadas de la misma manera. Pensamos que la técnica requerida para realizar nuestras actividades es un sólo un medio físico que puede lograrse con la práctica y la constancia, muy independientemente de la actividad mental y de la salud.

El biólogo Sir. Charles Sherrington escribió: “La dicotomía formal del individuo (en “cuerpo” y “mente”) da como resultado un artefacto que no existe en la Naturaleza”ii. Con frecuencia actuamos como si no fuéramos un sistema, sino una compilación de pequeñas personalidades distintas, algo toalmente inexistente en la Naturaleza.

Así como muchas veces el cuello y los hombros hacen el trabajo de la espalda, también nuestras emociones hacen a menudo el trabajo del pensamiento, y viceversa. Este uso antieconómico de nuestras energías crea un conflicto interior y puede oscurecer nuestro sentimiento de identidad.

Tal falta de armonía interior no parece demasiado sorprendente cuando nos fijamos en la naturaleza de las instituciones que rigen nuestra sociedad. Según las palabras de Dewey, “el mundo parece loco de preocupación por lo específico, particular e inconexo tanto en medicina como en política, ciencia, industria y educación”.iii

En medicina, por ejemplo, el tratamiento se dirige con demasiada frecuencia a las partes individuales antes que al todo. En años recientes, los médicos han tendido a especializarse cada vez más, y se ha llegado a considerar la medicina general como una forma de práctica muy poco atractiva. Esto puede significar que un médico determinado puede saber muchísimo sobre los ojos, o sobre la garganta, nariz y oídos de su paciente, bastante sobre el resto, y apenas nada sobre su estado general. La medicina occidental se concentra más en el alivio inmediato de los síntomas específicos que en las causas subyacentes que los han originado. Constantemente se producen fármacos nuevos y más potentes, en un intento de suprimir las manifestaciones de la enfermedad. Es cierto que estos fármacos cumplen con su cometido, hasta cierto punto al menos, pero al mismo tiempo dan lugar a cepas bacterianas y víricas cada vez más resistentes y producen una gran variedad de efectos secundarios, algunos de los cuales pueden ser lamentables. En otro nivel el consumo generalizado de aspirinas, tranquilizantes y demás fármacos de uso cotidiano refleja nuestra incapacidad de llegar a la raíz de nuestros problemas.

Este enfoque “inconexo” también resulta evidente en nuestro sistema educativo, que sigue concediendo una importancia desmedida a los resultados de los exámenes, a expensas del verdadero aprendizaje. Atiborran a los estudiantes con grandes cantidades de información sobre hechos aislados y a menudo inconexos, que deben repetir. Se les entrena y se les juzga por su rendimiento en una serie de temas sin relación entre sí. La educación física suele verse como otra “asignatura”, totalmente independiente y no de las más importantes. Ciertamente, ya el propio nombre de “educación física” parece sugerir la creencia en que es posible educar la mente y el cuerpo por separado.

Al advertir estos desequilibrios, mucha gente ha reconocido la necesidad de una visión global. Se han dado cuenta de que el punto de partida es el propio individuo. Buena prueba de ello es la enorme popularidad de la filosofía oriental y de la psicoterapia occidental. Pero, ¿qué haremos para no aproximarnos a estas disciplinas del mismo modo inconexo en que hemos sido educados, “curados” y tratados? El profesor Dewey era consciente de este problema cuando escribió, en su prólogo a La herencia suprema del hombre .

Cuando los órganos que constituyen cualquier estructura, ya sea fisiológica, mental o social, no están en equilibrio, cuando están mal coordinados, los intentos específicos y limitados de obtener la curación solamente logran ejercitar el mecanismo alterado. Al “mejorar” una estructura orgánica provocan un desajuste compensatorio en alguna otra parteiv

F. M. Alexander fue un hombre con una visión de muy largo alcance y su genialidad se manifestó no sólo en sus teorías y sus prácticas, sino también en el lenguaje que utilizó para describirlas. Por un lado, confiaba poco en los términos técnicos de su época. Por otro lado, se abstenía de utilizar palabras que implicaran una separación de cuerpo y mente como “mecanismos físicos” o “mecanismos mentales”, en su lugar hablaba del “sí mismo”, “unidad psicofísica” y de “uso” y “funcionamiento”:

Cuando utilizo la palabra “uso”, no es en el sentido limitado del uso de una parte específica, como por ejemplo, cuando hablamos del uso de un brazo o del uso de una pierna, sino en un sentido más amplio y global que se refiere al funcionamiento del organismo en general. Porque reconozco que el uso de cualquier parte concreta, como un brazo o una pierna, supone de necesidad poner en acción los diferentes mecanismos psicofísicos del organismo, siendo esta actividad orquestada lo que posibilita el uso de una parte concreta.”v

Está claro que hemos de hallar una forma equilibrada de aproximarnos a nosotros mismos. La ventaja del trabajo de Alexander radica en que su idea de la unidad psicofísica no es meramente teórica, sino que es producto de su propia experiencia de la globalidad.

La comprensión práctica de la idea de la unidad psicofísica no es fácil de alcanzar. La gente suele acudir a las clases de técnica Alexander a causa de “un dolor de espalda” o de cualquier otro síntoma y les sorprende darse cuenta de que no se les pide ni se les ofrece ningún tipo de diagnóstico a cerca de sus dolencias. Los nuevos alumnos con frecuencia tienden a pedir que les indiquen ejercicios que produzcan la misma experiencia que obtienen durante las lecciones, y ha de transcurrir algún tiempo antes de que comprendan que cualquier ejercicio no servirá más que para hacerles practicar sus hábitos. Si un individuo tiene tendencia a poner rígido el cuello y perder la coordinación cada vez que hace un solo movimiento, todavía se pondrá más rígido y mal coordinado cuando trate de realizar un ejercicio.

Cuando un profesor de Técnica Alexander pone la mano sobre un alumno, puede percibir el potencial de esa persona para coordinar la totalidad de su ser. No intenta arreglar un hombro o una cadera en estado de rigidez, sino que más bien trata de enseñar a su alumno a integrar dichas partes en una unidad funcional. Tampoco intenta curar una depresión, sino enseñar al alumno una manera de usarse que le impida seguir deprimiéndose.

En conclusión:

1.- Cada parte refleja el conjunto: cualquier actividad de la vida, por muy insignificante que parezca, compromete a la totalidad del organismo psicofísico.

2.- Cada parte de la totalidad desempeña siempre un papel, independientemente de la situación: el término “uso” o “usar” no implica actividad. Permitir que las piernas estén quietas mientras me siento frente a la computadora es también una manera de usar las piernas (por ejemplo).

3.- Cada parte siempre está conectada con las demás partes: el uso de los dedos de los pies cuando estoy parado (o sentado), está conectado al uso de los tobillos, los tobillos al uso de las rodillas, las rodillas al de las ingles y las ingles al torso, las costillas (que forman parte del torso) a la respiración y a la cintura escapular, los brazos forman parte de la cintura escapular , que a su vez tiene una gran influencia dentro de la actividad respiratoria, eso está conectado al cuello, que está conectado al uso de la cabeza (incluyendo la boca, los ojos, la mandíbula, etc.). Esto quiere decir que, cuando estudio marcando el compás con un dedo del pié, es muy probable que esté interfiriendo (sin darme cuenta) con la manera en la que respiro o incluso con la manera en la que veo.

Entonces, mi “uso” es la forma en que reacciono con la totalidad de mí mismo en cualquier situación dada. Si acepto que soy una unidad indivisible, necesitaré hablar de forma diferente, pensar de forma diferente, estudiar de forma diferente, curar mis dolencias de forma diferente, alimentarme de forma diferente, etc. Pues si soy uno, funciono como uno y por lo tanto no puedo examinar, cambiar o controlar una de mis partes separadamente de mi totalidad.

– Felipe Bojórquez

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Clases y contacto

Libros de referencia:

  1. Michael Gelb, Body learning: an introduction to the Alexander Technique, Aurum, 1981
  2. Patrick McDonald, The Alexander Tehcnique as i see it, Rahula Books, 1989
  3. Pedro de Alcántara, Indirect Procedures: A Musician’s Guide to the Alexander Technique (1997)

i Wilhelm Furtwängler. Notebooks

ii Charles Sherrington. The Interactive Action of the Nervous System

iii John Dewey. Preoccupation with the Disconnected, The Alexander Journal

iv John Dewey. Prólogo de la “Herencia suprema del hombre” de F. M. Alexander

v F.M. Alexander. El uso de sí mismo