Anatomía

Los reflejos musculares posturales

Existe un principio organizador del movimiento humano, una fuerza activa que invita a la ligereza, vitalidad y control óptimo de todo lo que hacemos. Es el cimiento del funcionamiento saludable a lo largo de nuestras vidas y es también el mecanismo a través del cual debemos desarrollar el control base en el que fundamentamos nuestras habilidades (por muy básicas que sean).

Este principio es fundamental en el trabajo de auto-conocimiento. La ciencia moderna sabe poco a cerca de cómo funciona pero es uno de los principales focos de atención en todas las investigaciones relacionadas con la salud y el bienestar humano actualmente. No es enseñado en los programas de educación pero es el sistema que gobierna la manera en la que se organiza el cuerpo cuando nos vamos a mover.

Estoy hablando de lo que la Neurodinámica llama “Sistema Neuromuscular Postural Reflejo” (PNR, por sus siglas en inglés).

Actualmente existen cientos de métodos de ejercicios y movimientos que fueron diseñados para aumentar la fuerza y la flexibilidad, todos ellos fueron creados con el fin de mejorar nuestro funcionamiento y nuestra salud. Sin embargo, la base del movimiento es un sistema natural que funciona sin esfuerzo y sin ninguna especie de ejercicio o tratamiento correctivos. Cuando este sistema funciona de manera adecuada, los músculos no se tensan, sino que se tonifican de manera natural y saludable; las articulaciones tienen suficiente espacio para trabajar con un nivel máximo de soltura; la respiración se suaviza y funciona mejor; nuestra vitalidad aumenta gracias al tono muscular; la circulación de la sangre mejora debido a la ausencia de tensión muscular excesiva. En pocas palabras, la clave para mejorar nuestra capacidad de movimiento y nuestra salud es comprender el diseño que tiene nuestro cuerpo para funcionar de manera saludable, esto es, con el tono muscular necesario para movernos con liviandad y sin esfuerzos que nos compriman.

Nuestra elasticidad muscular

Cuando pensamos en cuál es la función de los músculos, lo que parece más obvio es que los músculos se contraen para producir movimiento. Para levantar un vaso, caminar por la calle, escribir en la computadora, etc; tenemos que contraer o acortar músculos específicos; de otra manera no seríamos capaces de movernos en el espacio, manipular objetos, hablar o incluso, respirar.

Pero el movimiento no es tan simple como parece, debido a que para movernos en el espacio o para simplemente mover el brazo, primero necesitamos mantener nuestra estructura esquelética levantada dentro del campo gravitatorio, dicho de otra manera, necesitamos mantener nuestro soporte postural.

Algunos de nosotros hemos oído hablar de los “músculos posturales” que nos mantienen erguidos y que se encuentran notablemente en el cuello, espalda y piernas. Se piensa que, al contraerse estos músculos, evitan que la cabeza se nos caiga hacia delante, que el torzo se aplaste y que las piernas se colapsen… como si fuéramos una marioneta.

Pero ¿cómo actúan estos músculos exactamente? Cuando levantamos un vaso con agua (por ejemplo), varios músculos del brazo se contraen, mueven a los huesos que funcionan como una palanca y entonces podemos levantarlo. Utilizar más fuerza de la necesaria para lograr esta tarea es una estrategia bastante aceptable debido a que no tendremos el vaso levantado por mucho tiempo. Si tu brazo se cansa, puedes fácilmente dejar el vaso en la mesa de nuevo para descansar el brazo. Sin embargo, esta estrategia resulta muy mala cuando lo que queremos es soportar nuestro cuerpo entero en contra de la fuerza de gravedad. Para estar sentados o parados, necesitamos mantener el torso erguido por horas y horas; tratar de hacer esto contrayendo músculos es una estrategia extremadamente ineficiente, y la naturaleza no puede permitirse ser ineficiente.

Entonces ¿cómo hacemos para mantener nuestra postura erguida, sino es contrayendo nuestros músculos? Una pista muy clara es la manera dinámica en la que nuestras partes del cuerpo están organizadas. Miremos, por ejemplo, los músculos de nuestra nuca. Una de las funciones primarias de estos músculos, que conectan la parte trasera del cráneo a la columna y las costillas, es evitar que la cabeza se caiga por delante del cuerpo. ¿Por qué es entonces que estos músculos, que tenderán a contraerse si no encuentran resistencia, no se aprietan para tirar la cabeza hacia atrás? La respuesta es simplemente que la cabeza pesa más en la parte de enfrente, lo que mantiene dichos músculos alargados. De esta manera, los músculos del cuello trabajan, pero en lugar de tirar la cabeza hacia atrás, se alargan en medio del cráneo y la columna para que, mientras ayudan a mantener la estabilidad del esqueleto, el esqueleto ayuda a mantener dicho alargamiento.

En las siguientes imágenes se puede observar cada una de las capas musculares que tenemos en la zona trasera del cuello (nuca) y cómo los músculos se van agregando a la base trasera del cráneo, lo que permite que todos esos músculos se alarguen cuando el cuello se suelta y la cabeza va en dirección adelante y arriba.

 

 

 

 

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Este mismo alargamiento ocurre -de una u otra forma- a lo largo de todo el cuerpo. Nuestros músculos se mantienen alargados gracias al sistema esquelético para que, en lugar de simplemente contraerse, se mantengan suspendidos dentro del rango de elasticidad que nos permite mantener nuestra postura erguida sin esfuerzo alguno. Esto aplica para los músculos de nuestras piernas, brazos, costillas, etc. En ninguna parte del cuerpo ocurre que los músculos se contraigan para tirar a los huesos; en lugar de eso, trabajan en conjunto con la estructura para producir esta elasticidad de soporte que es altamente eficiente y descansada.

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Bibliografía:

  1. Theodore Dimon Jr., Anatomy of the moving body
  2. Theodore Dimon Jr., Neurodynamics, the art of Mindfulness in action
  3. Frank H. Netter, Atlas de anatomía humana (6ta edición)

Imágenes:

Felipe Bojórquez