Educación, Técnica Alexander

La Técnica Alexander en el proceso de aprendizaje

Aprendiendo a caminar 1.jpgDesde una edad muy temprana, los niños pequeños se encuentran inmersos en la actividad de aprender habilidades nuevas. Equilibrarse en dos piernas, caminar, correr, manipular objetos, vocalizar, empezar a usar el lenguaje para comunicarse, entre muchas otras. La mayoría de nosotros aprendemos estas actividades casi de manera instintiva. Después de los primeros años, empezamos a intentar habilidades más complejas como podrían ser escribir y leer. Para cuando somos adultos, somos capaces de realizar una gran cantidad de actividades con gran facilidad – correr, hablar, atrapar y aventar objetos, nadar, manejar herramientas, escribir, por mencionar algunas.

Aprender habilidades complejas como tocar un instrumento musical no es tarea simple. Para muchos de nosotros, el proceso de aprender un instrumento musical es un ejercicio que conlleva una gran frustración. La mayoría de nosotros nos damos por vencidos en algún momento porque nunca logramos volvernos lo suficientemente “buenos” como para disfrutar lo que queremos hacer.

Dentro de nuestra educación, aceptamos los fracasos como parte de la vida y tenemos la idea de que algunas personas “nacen con talento” y otras no. Pero creo que el fracaso no tendría por qué ser la norma y, cuando los niños o adultos fracasan en alguna tarea, hay una gran probabilidad de que no sea responsabilidad de su “falta de talento”, sino de la gran falta de información que existe a cerca de los procesos profundos a través de los cuales aprendemos.

Mi interés en la educación musical nació de observar mi dificultad para aprender habilidades básicas que tendríamos que tener todos los estudiantes de música, a pesar de seguir todas las indicaciones y recomendaciones de mis maestros, sentía que mi progreso estaba estancado y empecé a buscar alternativas, intentando entender una idea más “integral” de lo que yo creía que me estaba pasando. Así estudié medicina tradicional china, hipnosis terapéutica y practiqué meditación, yoga y tai-chi. Tiempo después me encontré con la Técnica Alexander y pude desarrollar un “modelo” propio de estudio, fundamentado en el uso que hago de mi mismo al momento de estudiar.

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Profesor de Técnica Alexander trabajando con cellista

Observándome estudiar bajo los principios de uso que propone la Técnica Alexander, descubrí que mi problema tenía dos componentes que estaba ignorando por completo. Primero, cuando aprendía algo nuevo, la idea de que tenía que tratar de “perfeccionar” mis habilidades era tan fundamental que pocas veces la cuestionaba. Las habilidades se componen de un paquete complejo de elementos que generalmente me pasaban por alto por el afán de lograr lo que me habían pedido mis profesores. Entonces, decidí que el primer paso para aprender algo nuevo es “desarmarlo” en elementos sencillos que pudiera manejar y me permitieran observarme en actividad desde un lugar más consciente.

Pronto me di cuenta de que pocas veces me detenía a observar qué pasaba conmigo mientras estudiaba, y la exigencia a la que me sometía para intentar lograr hacer todo bien, me impedía jugar con distintos acercamientos a las actividades que me pedían mis profesores. Quería mejorar rápido y fallaba en darme cuenta de que aprender algo nuevo requiere, en primer lugar, dejar de tratar de hacer las cosas bien y estar dispuesto a intentar algo que nunca había hecho antes. Es el acto de dejar de intentar, de parar y pensar es lo que resulta en el verdadero aprendizaje. La clave para aprender algo nuevo es dejar de intentar hacerlo como siempre lo has hecho.

Esto me llevó al segundo componente. La ejecución de mis habilidades parecía, en la superficie, cuestión de realizar acciones, pero este no es el elemento principal de una habilidad. Cada acción que realizaba, por más simple que fuera, era el producto de un proceso psicofísico muy complejo que, para mi, es casi completamente subconsciente. Me di cuenta de que, al aprender algo instintivamente, no me veía en la obligación de prestar atención a dicho proceso, ni de entender su papel central en el proceso de mi aprendizaje. El problema con el que me encontré fue que todo lo aprendido “instintivamente” había estado acompañado de hábitos que perjudicaban mi proceso y mi desarrollo. Entonces cada intento de realizar mi actividad me llevaba a practicar dichos hábitos, con el resultado inevitable de un fracaso constante. Para enfrentar este problema, resultó muy útil desarrollar una habilidad que me permitía elegir el curso de acción de mis actividades, es decir, que me permitiera tener un control consciente de lo que estaba haciendo.

No quiero decir que los métodos tradicionales de aprendizaje no sirven para los fines para los que se aplican… pero, a mi parecer, ningún método puede ser aplicado de manera eficiente si no toma en cuenta los procesos psicofísicos de la persona que está intentando aprender.

Cello1Para algunos parecerá un poco dura mi crítica a los modelos educativos, especialmente porque han logrado producir gente muy exitosa a lo largo de los siglos que se vienen utilizando. Pero por cada músico que logra destacar, hay cientos que se lastiman, se frustran y abandonan su carrera. Particularmente en la escuela, nuestro futuro está en manos del azar. Desde los niveles más básicos de educación, si no logramos aprender de manera eficiente, se nos dice que no nacimos con el talento necesario, que somos tontos, dispersos o que no servimos para ciertas cosas. Generalmente, la efectividad de un modelo educativo se mide por la cantidad de “super estrellas” que produce y no por su eficiencia en comunicar los fundamentos del aprendizaje.

Las imágenes que siguen son de los pianistas Glenn Gould (izquierda) y Keith Jarret (derecha), excelentes pianistas que sufrieron serios problemas de salud derivados del exceso de tensión que hacían al tocar. Son, para mi, dos ejemplos muy claros de que la persecución del fin, en este caso, de perfeccionar habilidades determinadas puede fácilmente ir acompañada de la falta de observación de los procesos psicofísicos involucrados en el procesa de aprender.

 

 

Todos somos capaces de desarrollar habilidades importantes dentro de las actividades que nos gustan; si no lo logramos, es el modelo educativo lo que tiene que cuestionarse, no el estudiante. En la raíz de este problema se encuentra el hecho de que la actividad de enseñar se encuentra todavía en un estado primitivo. Seguimos creyendo que el aprendizaje consiste en “insertar” conocimiento en la cabeza de los estudiantes. Las teorías sobre la cognición y su relación con el aprendizaje han avanzado, pero seguimos creyendo que aprender habilidades se fundamenta en la práctica mecánica y repetida de las mismas, este sigue siendo el concepto principal de las teorías pedagógicas contemporáneas más aceptadas y difundidas.

Sin embargo, la clave para aprender no se encuentra en la parte mecánica, sino en utilizar nuestra inteligencia y nuestra percepción durante el proceso de estudio o práctica o como sea que queramos llamarlo. Las habilidades no son cuestión de reproducir cantidades de movimientos, sino de detectar en dónde poner nuestra atención para poder dirigir nuestra actividad de manera consciente. Las nociones antiguas que motivan a los alumnos a repetir acciones para perfeccionar sus habilidades son cada vez menos efectivas; para desarrollarse, el estudiante debe comprender el funcionamiento de los procesos psicofísicos que gobiernan sus intentos de aprender.

Niño banjo1.jpgA un nivel profundo, desarrollar una habilidad tiene que ver con el crecimiento interno. Es una manera de adquirir disciplina, es una manera de aumentar nuestra consciencia y el control de nuestras acciones, y es el camino para conocernos a nosotros mismos. Debemos de dejar de ver el aprendizaje como un camino para obtener fama y fortuna.

Cuando valoremos nuestras habilidades no en términos de virtuosismo y competencia, sino en términos de autoconocimiento y desarrollo personal, percibiremos los verdaderos retos educativos que nos llevarán a descubrir nuestras potencialidades.

Creo que las técnicas específicas para desarrollar habilidades específicas cada vez tienen menos importancia de la que les damos. Las problemáticas en el aprendizaje -usualmente- tienen como raíz un problema mucho más básico y que no se toma en cuenta. Los cimientos del aprendizaje se encuentran en la capacidad de observar nuestros hábitos y nuestro funcionamiento.

Para mi, la Técnica Alexander es un modelo educativo que abre la puerta a una investigación profunda de nosotros mismos y nos lleva entendernos y observarnos mejor dentro de nuestras actividades cotidianas. Poco a poco iré intentando profundizar en las observaciones de cómo creo que su práctica ha cambiado y mejorado mi forma de aprender y la de mis alumnos.

A continuación un video sobre el trabajo de Gal Ben Or, profesor que se dedica a enseñar la Técnica Alexander dentro de escuelas a las que asisten niños que son considerados con problemas y discapacidades de distintas índoles.

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