Educación

El concepto de lo que hacemos y cómo afecta a lo que aprendemos

La actividad de aprender algo nuevo requiere que aprendamos a pensar de una manera distinta y formemos nuevos conceptos a cerca de lo que estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo. Es muy común, sin embargo, que nos quedemos atorados en nuestras formas de pensar conocidas y esto previene que logremos pensar de maneras nuevas que desconocemos.

Veamos cómo afecta esta situación, que considero un punto central en el proceso de aprendizaje. Digamos que una persona tiene dificultades para cantar sin tensar excesivamente la garganta. Al notar que la estudiante hace demasiada tensión, la profesora le pide que cante una frase determinada, señalando problemáticas específicas y pidiéndole que las corrija (que relaje la garganta, en este caso).

Si la alumna en cuestión relaciona esa tensión con la actividad de cantar (una cuestión de concepto aprendido), le será imposible cantar y relajar la garganta mientras está cantando. Lo más común es que, ante esta petición de los profesores, los alumnos hacen el esfuerzo que estaban haciendo desde un principio y agregan otro esfuerzo más que hacen para “relajar”. Si el esfuerzo para relajar funciona (en el exterior al menos), el profesor premia al estudiante y un nuevo hábito es aprendido. Ahora el alumno hace dos esfuerzos simultáneamente, el de cantar y el de relajarse mientras canta.

Si la idea inicial que tiene la estudiante a cerca de la actividad que va a realizar está equivocada desde un inicio, ¿qué solución podría devenir de pedirle que realice dicha actividad y luego pedirle que relaje ciertos músculos? La estudiante aprendió que para cantar necesita esa tensión, es ese concepto lo que está equivocado y lo que se tiene que solucionar para que pueda soltar realmente mientras canta. Todos los esfuerzos de cantar “adecuadamente” resultarán un fracaso si primero no se le enseña una alternativa de lo que se siente cantar libremente.

Si la profesora no reconoce el círculo vicioso en el que se encuentra su estudiante, estará pasando por alto la raíz del problema.

La Técnica Alexander y el aprendizaje indirecto

Cuando doy talleres para músicos, la mayoría de los alumnos vienen con una larga lista de tensiones y problemas que quieren erradicar; a algunos les duele el hombro, otros sienten mucha tensión en las manos, otros sienten un pánico que los paraliza, dolor en los codos, dolor en el cuello, falta de concentración, etc etc.

La Técnica Alexander propone un acercamiento indirecto a los problemas, es decir, intenta observar y trabajar con la totalidad de la persona en lugar de intentar solucionar un problema específico y obsesionarse con él.

Ayudar a un músico que conoce tan a fondo sus problemáticas y dolores no es una tarea fácil, sobre todo cuando las aparentes “correcciones” parecen interferir con las ideas que tienen a cerca de cómo se tiene que usar el instrumento que tocan. En el momento en el que sienten que mis sugerencias interfieren con eso a lo que llamamos “técnica”, generan una cierta resistencia al cambio y se tensan aún más. Y aquí, una vez más, el problema deja de ser de la tensión y es en realidad una problemática de algo que piensan, de una idea que tienen que los está llevando a hacer eso que quieren corregir tan desesperadamente.

El miedo

Regresemos al ejemplo de la estudiante de canto. Parte importante de su problema, como suele suceder en todas las actividades, es que está haciendo demasiado esfuerzo por hacerlo bien.

Si le pedimos primero que se olvide por un momento de cantar y buscamos una actividad en la que pueda liberar su voz sin tensión, quizá ella pueda sentir cómo se siente cantar sin esa tensión pero, al cantar podría volver a la tensión habitual debido a que simplemente no relaciona esa nueva actividad con la actividad de cantar.

La estudiante está encerrada en los hábitos de los que se quiere desprender debido a que esos hábitos le dan una sensación de seguridad, la seguridad de que está intentando lograr lo que se espera de ella. Cuando tenemos miedo de no lograr hacer algo, buscamos hacerlo bien desesperadamente. En el momento en el que pensamos así, regresamos a  los hábitos de tensión otra vez.

Dicho de otra forma, el miedo al fracaso evita que logremos aprender cosas nuevas porque nos lleva a fijarnos en las actitudes que causaron nuestras problemáticas en un principio. Particularmente cuando los alumnos tienen miedo, tenderán a insistir en regresar a hacer las cosas que causan los problemas que quieren dejar atrás, aunque esto implique que dichos problemas agraven la situación.

Si el profesor no logra generar una estructura que provea al estudiante de un nuevo camino de dirección, el estudiante se seguirá hundiendo. Todos tenemos la capacidad de superar nuestros problemas pero tendemos a sabotear nuestros propios esfuerzos sin darnos cuenta.

Para más información sobre las clases y talleres, da click en el siguiente link:

Clases y contacto