Salud

El olvidado arte de acuclillarse

Este artículo está hecho de anotaciones que tomé del artículo: “THE FORGOTTEN ART OF SQUATTING IS A REVELATION FOR BODIES RUINED BY SITTING” de Rosie Spinks. No es una traducción del artículo completo, les recomiendo mucho que lean el artículo original dando click en el nombre.

Cuclillas1“Un gurú una vez me dijo que el problema con el mundo occidental es que la gente no acuclilla”. Esto es muy cierto, en la mayor parte del mundo “desarrollado”, el acto de descansar está relacionado a sentarse. Trabajamos sentados, comemos sentados, nos transportamos sentados, etc. Pasamos gran parte de nuestro día sentados todo tipo de sillas, sillones y bancos. Tenemos una gran devoción por tener nuestra espalda recargada en alguna superficie. Debido a esto, desde el siglo pasado, los epidemiólogos han tenido que cambiar la manera en la que estudian los patrones del movimiento.

Para ser claros, las cuclillas no son un simple paso de nuestra historia dentro de la evolución. Una gran parte de la población mundial todavía las practica para descansar, rezar, cocinar, comer o para ir al baño. Mientras aprende a caminar, cualquier niño en cualquier parte del mundo utiliza las cuclillas con gran facilidad y fluidez. En países en los que existe poco acceso a hospitales, acuclillarse es una práctica necesaria de los partos.

Cuclillas3La disminución de la práctica de acuclillarse no es exclusiva de occidente. Es una práctica que se ha abandonado también en las comunidades que tienen poder adquisitivo alto y medio alto aún en los países de oriente.

En occidente, sin embargo, las cuclillas son vistas como una postura incómoda, indigna y difícil. Se ignora por completo el hecho de que las cuclillas fueron parte de nuestro descanso activo a lo largo del desarrollo evolutivo. No es que no podamos sentarnos cómodos en cuclillas, es que hemos olvidado cómo hacerlo.

“El juego empieza con acuclillarse” dice el osteópata y escritor Phillip Beach. Beach es conocido por ser el pionero en la idea de “posturas arquetípicas”. Estas posturas, que incluyen las cuclillas, sentarse con las piernas cruzadas e hincarse sobre las rodillas y talones, no sólo son buenas para la salud, sino que son parte importante del diseño de nuestros cuerpos.

“Uno no entiende por completo su cuerpo hasta que no entiende la importancia de estas posturas”, dice Beach.

Entonces ¿por qué son tan buenas las cuclillas y por qué hemos dejado de practicarlas?

Cuclillas4La respuesta se reduce a una cuestión “lo practicas o lo olvidas”, dice el Dr. Bahram Jam, un fisioterapéuta y fundador del Advanced Physical Therapy Education Institute (APTEI), en Ontario, Canadá.

“Cada articulación de nuestro cuerpo contiene líquido sinovial. Este líquido es el aceite que nuestro cuerpo nos provee para nutrir los cartílagos”. “Dos cosas son necesarias para producirlo: movimiento y compresión. Así que si una articulación no se usa en su rango completo – si las rodillas y las piernas nunca pasan de los 90 grados – el cuerpo dice “no estoy siendo utilizado” y empieza a deteriorarse deteniendo la producción de este líquido.

Que nuestro sistema musculo-esquelético esté sano es fundamental para la salud y funcionamiento de todo nuestro organismo. Un estudio hecho en el año 2014 por el European Journal of Preventive Cardiology descubrió que las personas que presentan dificultades para pararse del piso sin ayudarse con las manos, codos, brazos o poniendo las manos en sus piernas (lo que se llama “la prueba de sentarse y pararse) tienen una expectativa de vida tres años menor a los que pueden pararse sin necesidad de ayudarse de las maneras mencionadas.

Cuclillas5Aunque parezca increíble, en occidente, la razón por la que dejamos de usar las cuclillas de manera cotidiana tiene que ver con el diseño de nuestros inodoros. Los hoyos en el piso, las letrinas y los orinales requerían de la posición de cuclillas, y distintos estudios han demostrado cómo una mayor extensión en el uso de la articulación de la cadera está relacionada con una menor tensión muscular a la hora de descansar. El primer inodoro que se conoce se encontró en Mesopotamia, fue construido en el siglo IV a. C. y fue adoptado por la dinastía Tudor durante el siglo XVI, con la finalidad de ir al baño en asientos adornados y parecidos a un trono.

El uso de los baños “tipo trono” que se instauró por toda Europa (y sus colonias) ha hecho que la gente deje de tener la necesidad de practicar las cuclillas de manera diaria. Aún así, el descubrimiento de que la práctica de las cuclillas estimula el movimiento intestinal, ha llevado a varios intentos de transformar los inodoros occidentales en inodoros similares a los que se utilizan en los países asiáticos, esto con el afán de mejorar la salud en general de la población.

Aunque la incomodidad física sea la razón principal por la que las cuclillas no se practican en occidente, nuestra aversión a esta práctica también es cultural. A pesar de que trabajar sentado con las piernas cruzadas y en cuclillas (incluso arriba de una silla) puede llegar a ser beneficioso para la salud, la ropa que utilizamos y la idea que tenemos de la “formalidad” vuelven de esto algo completamente inviable.

Consideramos como “primitiva” y “algo de bajo nivel social” la práctica de las cuclillas, sobre todo en público. Es por esto también que se han dejado practicar las cuclillas en los partos y se ha pasado a utilizar camas en los hospitales, se cree que parir en cuclillas es algo que pertenece a sociedades poco civilizadas.

Cuclillas2Así que ¿deberíamos reemplazar nuestra manera de sentarnos y empezar a utilizar las cuclillas de ahora en adelante?

Cualquier posición sostenida por largos períodos de tiempo puede causar problemas a la salud y hay estudios que sugieren que las sociedades que pasan demasiado tiempo en cuclillas tienen más problemas relacionados con las articulaciones de las rodillas y de osteoartritis. Pero para aquellos que hemos abandonado esta práctica, practicarla de vez en cuando resulta muy beneficioso.

De algún modo, las cuclillas es de donde los humanos -todos y cada uno de nosotros- venimos, así que no hace mal visitar ese lugar tan seguido como podamos hacerlo.

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