Educación

Aprender a fracasar

Fracasar es, a grandes rasgos, un comportamiento aprendido. Muchos de nosotros tenemos la creencia de que todo nos cuesta trabajo, vamos desarrollando una secreta convicción de que no podemos aprender cosas nuevas y, gracias a esto, hacemos todo a medias. Cuando nuestros intentos por aprender fracasan, estamos satisfechos (muchas veces sin darnos cuenta) de que teníamos razón.

Algunas de las estrategias más comunes para fracasar son las siguientes:

Negación: Una estrategia para fracasar es simplemente negarnos a probar cosas nuevas. En lugar de darnos la oportunidad de usar nuevos procedimientos, nos colocamos una y otra vez en situaciones y condiciones conocidas para nosotros, con la esperanza de lograr sobreponernos a las dificultades pero convencidos de que no será así. Cuando, después de unos minutos, nuestros intentos resultan en un fracaso, creemos que hemos logrado demostrar que somos incapaces de triunfar.

Sumando dificultades: Otra estrategia muy común es generar un estudio lleno de dificultades, cambiando la estrategia en cualquier momento de la práctica.

Hace un tiempo tuve un alumno que se sentía muy comprometido con el estudio, todas las clases venía con muchas preguntas, las ganas de aprender se le notaban a simple vista… pero por alguna extraña razón no lograba avanzar en nada. Un día decidí pedirle que me mostrara su manera de estudiar, hicimos toda su clase como si fuera un día de estudio en su casa. Unos minutos después de haber empezado con una consigna determinada, noté que estaba haciendo otra cosa y luego otra y luego otra… lo detuve y le pregunté por qué estaba haciendo eso. Entonces me contestó que durante el ejercicio se le había ocurrido probar algunas cosas distintas… esas “cosas distintas” lo distrajeron de la consigna que tenía que solucionar y empezó, simultáneamente a intentar resolver varias problemáticas al mismo tiempo. Al final de la consigna que yo le había propuesto, se sentía completamente desmoralizado y estaba convencido de que la actividad no le servía para nada.

En ese momento entendí la situación. Cuando yo le daba un problema a solucionar, mi alumno se sentía ansioso y con una necesidad muy grande de “avanzar”, sentía que el problema era demasiado fácil y básico y entonces decidía agregar más dificultades al problema, para ahorrar tiempo. El resultado era que mi alumno perdía de vista el problema a solucionar y terminaba confundido y frustrado. Muchas veces lograba solucionar el problema inicial sin darse cuenta porque, tarde o temprano, se enfocaba en hacer algo para lo que todavía no estaba preparado. En el caso de mi alumno, esta situación le reafirmaba ideas que tenía a cerca de su incapacidad para tocar y, fracasando, lograba reafirmar lo que creía.

Estupidez aprendida: Esta es el comportamiento más complejo y difícil de observar. Cuando los alumnos estén convencidos de que simplemente no entienden nada de lo que el profesor intenta explicarles y logran convencer a su entorno de que su dificultad es algo “ajeno” a ellos. La situación empeora cuando el estudiante (generalmente niño) es sometido a pruebas y diagnosticado con alguna enfermedad o trastorno.

Esta actitud está diseñada para producir la simpatía de los profesores. Si el profesor es lo suficientemente simpatético, tratará de buscar miles de formas para explicarle al alumno lo que no entiende. Si el alumno se encuentra inmerso en esta negación, la actitud del profeso sólo agravará el problema.

La situación puede ser más o menos la siguiente:

El alumno alega que no entiende y que simplemente tiene una incapacidad de lograr hacer lo que se le pide. El profesor sentirá la obligación de satisfacer las necesidades del alumno. El alumno seguirá sintiendo que no puede hacer lo que se le pide y entonces, se le diagnosticará con algún trastorno, enfermedad o desorden. O se pensará simplemente que “le cuesta trabajo” (una manera menos agresiva de decir que “es estúpido”).

No estoy diciendo que los profesores no tienen que sentir simpatía por los alumnos, sin embargo, en estos casos, la simpatía es lo que menos necesitan. Dicha simpatía alimenta la creencia que el alumno tiene de que es estúpido o de que está enfermo. Cientos de personas han sido diagnosticadas y sometidas a tratamientos que dañan su salud y les generan problemas muy graves a lo largo de su vida.

Es una situación delicada y se requiere cierta experiencia para notar cuando un alumno está actuando de esta manera pero, una vez que el alumno en cuestión sale de su hábito de sentirse incapaz, las problemáticas desaparecen y se da cuenta de que es perfectamente capaz de aprender.

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