Salud, Técnica Alexander

Los reflejos posturales y caminar

El atributo más básico de cualquier habilidad es su componente “reflejo”. Si nos preguntaran, muchos de nosotros diríamos que el máximo nivel en una actividad determinada se alcanza cuando se logra realizar las actividades más “difíciles” relacionadas con dicha actividad (los pasajes más difíciles en un instrumento musical, los movimientos más complicados en un deporte, los saltos o giros más difíciles en la danza, etc.).

Dentro de cualquier actividad, a los que atribuimos el nivel máximo de perfeccionamiento son aquellos a los que pareciera no requerirles ningún esfuerzo. Alguien que hace algo realmente bien, suele ser alguien que lo hace de manera “natural”, como si la actividad ocurriera sola. Esto se debe a que, la mayoría de las habilidades están compuestas de movimientos muy básicos que ocurren de manera casi automática, y mucho de lo que llamamos “talento”, no es más que el proceso de remover las interferencias que ponemos a estos elementos fundamentales del movimiento.

Para ilustrar el componente reflejo de una habilidad básica, analicemos el acto de caminar, observando a una persona dar un par de pasos. El movimiento más notable en la mayoría de nosotros cuando caminamos es el de mover la cadera de un lado al otro, para cambiar el peso entre una pierna y la otra. Cuando el peso se encuentra sobre una pierna, la pierna contraria avanza y damos un paso. En ese momento cambiamos el peso a la pierna que se encuentra delante nuestro para que la pierna de atrás pueda avanzar, repitiendo este procedimiento logramos caminar.

En el siguiente video podemos observar a muchos adultos caminando de manera muy cotidiana, si ponemos atención, podremos ver cómo, la mayoría de ellos hace alguna variación del procedimiento que describí en el párrafo anterior:

Consideremos qué pasaría si, en lugar de hacer esto, pedimos a la persona que se incline hacia delante desde los tobillos mientras resiste la tendencia de dar un paso. De esta manera, el cuerpo entero irá hacia delante y, al liberar la rodilla hacia delante también, nuestro sujeto dará un sencillo paso, sin siquiera haber intentado caminar. El resultado es que la persona podrá caminar con mucho menos esfuerzo, al no tratar de caminar usando la manera habitual, y sin tratar de mover las piernas deliberadamente.

En el siguiente video podemos observar cómo el estímulo de pisar el charco lleva al niño a caminar de una manera muy libre y sin esfuerzo:

Hay que notar que, para producir esta acción, ningún movimiento deliberado es requerido; no fue necesario “dar un paso”, sino que, al dirigir, permitimos que el movimiento ocurriera solo. Mientras crecemos, tendemos a interferir con muchas de nuestras actividades cotidianas y las volvemos complejas y elaboradas. Los movimientos básicos que ocurren durante la actividad de caminar, son – como se puede observar en los niños pequeños – a grandes rasgos, movimientos reflejos. Se podría decir que con el procedimiento descrito anteriormente, desarrollamos la capacidad de dirigir para decidir caminar, no con el acto de caminar en sí mismo.

Cuando damos un paso, nuestro cuerpo necesita sostener una cierta actividad muscular en la espalda para que ese movimiento específico pueda tener lugar. Si flexionamos nuestro brazo desde el codo, es muy probable que notemos la actividad muscular que está directamente conectada con ese movimiento, en este caso, la contracción del bíceps. Sin embargo, aún este movimiento tan sencillo de flexionar la articulación del codo, es altamente complejo. Para poder realizar dicha acción, el hombro tiene que tener cierta estabilidad que le viene de músculos conectados a todo el torso y que también están íntimamente involucrados en la actividad de soportarnos cuando caminamos.

En otras palabras, todos los músculos trabajan dentro del contexto de la red de soporte postural. El soporte postural que nos brinda la parte trasera de nuestro cuerpo es el lugar desde el cual todos nuestros movimientos específicos ocurren.

Personas caminando
En esta foto podemos observar distintas formas de utilizar el peso de la cadera para caminar, cada una de las personas de la foto está llevando el peso de una manera distinta.

Este componente postural, cuando se encuentra en acción, ilustra un principio fundamental de toda acción, que es la presencia inevitable de nuestros mecanismos reflejos. Si intentamos describirle a una persona la actividad de caminar, es probable que empecemos por la acción de las piernas y la cadera. Sin embargo, el aspecto más básico y fundamental de poder caminar es el acto de pararse erguido. Mantenerse erguido es una actividad refleja, no necesitamos pensar cómo hacerlo ni hacer un esfuerzo deliberado para lograrlo.

Al mantenernos erguidos y permitir que nuestro peso vaya hacia delante desde nuestros tobillos para después permitir que una de nuestras rodillas se libere para que la pierna pueda avanzar, la acción de caminar ocurre con la menor cantidad de esfuerzo posible. Nuestros reflejos posturales tienen la posibilidad de soportarnos en contra de la gravedad y así, nuestro cuerpo tiene el potencial de soltar hacia el movimiento cuando permitimos que esto suceda.

Niño dando paso
En esta foto se puede osbervar la manera en la que el niño utiliza el soporte de la espalda para liberar las piernas y caminar sin llevar el peso de la pelvis entre una pierna y la otra

Vista de esta manera, la actividad de caminar no requiere una serie de movimientos activos, sino una actividad de reflejos combinada con la decisión de permitir que dicha actividad pueda iniciar, los movimientos subsecuentes, si los dejamos, ocurren de manera libre e indirecta.

Como en la mayoría de los movimientos corporales, la acción constructiva en la actividad de caminar es lograda en primer lugar inhibiendo los hábitos que interfieren con nuestro movimiento, lo que permite que el nuestro soporte reflejo opere; en segundo lugar, averiguando cómo empezar a caminar sin interferir con dichos reflejos. La ejecución “correcta” no requiere ningún tipo de imposición de acciones deliberadas por encima de las acciones reflejas, pero es una simple variación del componente reflejo del movimiento, logrado (en este caso) a través de las direcciones de nuestro pensamiento.

Este mismo principio del movimiento es aplicable a absolutamente todas las actividades cotidianas que requieran cualquier tipo de movimiento, por muy simple o básico que pueda parecer.

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