¿Por qué tomar clases?

¿Has notado que, a pesar de que has decidido mover el cuerpo de distintas maneras a lo largo del día, prácticamente cada día de tu vida, no sabes demasiado a cerca de cómo te mueves? ¿Cómo es que un simple pensamiento activa sistemas nerviosos que mandan las señales electroquímicas, para que, una simple decisión (voy a caminar) se vuelva un acto físico (estoy caminando)?

Aunque esta pregunta puede tener muchísimas respuestas muy complejas relacionadas con nuestro funcionamiento neuronal y anatomía muscular, voy a proponer una metáfora muy simple: La manera en la que nos movemos – la manera en la que hacemos todo lo que hacemos- es información que se encuentra guardada en alguna parte de nosotros, escondida por detrás de nuestra consciencia. Está tan escondida de nuestra vista que ni siquiera nos damos cuenta de que no entendemos cómo es que nos movemos – no desde un punto de vista científico – pero simplemente en un nivel de observación y atención propia.

La mayor parte del tiempo somos incapaces de notar esta parte esencial de nuestras vidas, hasta que un día, experimentamos un problema como una lesión, dolor o algún otro tipo de limitación psicofísica que nos impide hacer alguna actividad que queremos o necesitamos hacer.

Quizá algún día nos agachamos a recoger algo del piso y sentimos una punzada en la espalda baja que nos deja adoloridos por un largo período de tiempo. ¿Cómo es que pasó esto? Quizá te accidentaste un día y te lesionaste alguna parte del cuerpo, fuiste a tratamiento y te recuperaste bien pero, meses después, algo empieza a dolerte y no sabes por qué.

A lo mejor sufriste alguna condición del sistema musculoesquelético como artritis, tendinitis, síndrome del túnel carpiano, codo de tenista, hernia de disco o alguna lesión por exceso de tensión, que no se solucionan mucho con medicamentos, ejercicios o incluso cirugía. Quizá eres actor, músico, deportista o bailarín y haz aprendido a utilizar tu cuerpo de manera eficiente para tu trabajo pero sufres de algún dolor y simplemente no puedes dejar de moverte de la manera habitual.

Si te encuentras en cualquiera de estos casos,  tomar clases de Técnica Alexander puede brindarte una ayuda invaluable.

Una vez que experimentamos una lesión o tenemos dificultades para aprender alguna habilidad, o desarrollamos una gran frustración porque no somos capaces de realizar algo que queremos o necesitamos hacer, empezamos a preguntarnos por qué nos pasa esto. Pero encontrar una respuesta no suele ser una tarea fácil. Podemos empezar a buscar ayuda de médicos, psicólogos o a tomar clases de algún tipo de actividad terapéutica o recreativa. Desafortunadamente, muy pocas de estas disciplinas nos enseñan a coordinar el cuerpo entero mientras nos movemos. Podemos practicar por muchos años pero pocas veces aprendemos a observar los hábitos de tensión que tenemos, ni a entender cómo están relacionados con la concepción que tenemos de cómo hacer las cosas.

Una vez que los esfuerzos fallaron, nos convencemos de que nuestras problemáticas son heredadas o genéticas y no tenemos posibilidad de solucionarlas. Nos convencemos a nosotros mismos de que nuestro entendimiento (por muy limitado que sea) es lo mejor que podemos hacer y creemos que no podemos indagar más profundamente dentro de nosotros mismos.

Sin embargo, existe una opción además del fatalismo, aceptación pasiva o el miedo que nos hace escapar de intentar. Existe una posibilidad de encontrar esa información escondida y aprender a utilizarla a nuestro favor. Aquí podemos encontrar información a cerca de cómo se relacionan nuestros pensamientos, sentimientos, acciones y creencias. Es una información de interacción dinámica entre muchos de los aspectos más profundos de nosotros. Es también información a cerca la desconexión, donde nuestros pensamientos malinterpretan las sensaciones de nuestro cuerpo, donde nuestro cuerpo falla en la tarea de responder de acuerdo con los intentos de nuestros pensamientos, donde nuestros ideas preconcebidas nos impiden seguir adelante y donde nuestros miedos imaginarios nos impiden hacer las cosas que tenemos ganas de hacer.

La Técnica Alexander nos ayuda a observar estas ideas preconcebidas, con las clases vamos descubriendo que somos nosotros mismos los que hemos estado creando los problemas que sufrimos. Entonces estaremos listos para aprender un camino para restaurarnos y reconectarnos con nosotros mismos. Con la atención y observación necesaria, nuestra mente consciente puede convertirse en una herramienta muy poderosa para cambiar. Podemos aprender a cambiar nuestras falsas percepciones y a entender mejor lo que sentimos. Podemos aprender conscientemente a sentir nuestro cuerpo de una manera más precisa y objetiva. Podemos aprender a hacer nuestras actividades cotidianas de manera eficiente, coordinada y libre. Entrenamos nuestro cuerpo para estar más disponible para realizar lo que queremos hacer.

La Técnica Alexander nos ayuda a desarrollar todo esto, es un método de observación de nosotros mismos que nos permite tener un mejor control de lo que hacemos a lo largo de nuestros días. No es un método de análisis intelectual, sino de aprendizaje experimental que nos enseña cómo soltar las reacciones dañinas que tenemos ante el dolor, miedo y ansiedad.

La Técnica Alexander nos enseña a observar más profundamente dentro de nosotros mismos y a usarnos de una manera más libre y consciente.

Texto tomado del libro “How you stand, how you move, how you live” de la profesora Missy Vineyard y traducido por mi.

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